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3.3 Gripe A-sertividad: De la agresividad a la sumisión.

De la agresividad a la sumisión hay un paso intermedio: La asertividad.
Podríamos hablar de la asertividad como un tipo de habilidad social, pero es que además nos evita malos ratos y frustraciones.

Las consecuencias que cualquiera de nuestras actuaciones tienen en los demás y en nosotros mismos, son muy importantes. Con el comportamiento asertivo, obtendrás la valoración como persona que consideres apropiada para ti.

Hablar y relacionarnos con los demás sería como jugar al frontón. Dependerá de la fuerza y la dirección con que tires tu pelota, la recuperarás de una manera o de otra. Lo que pretenderemos siempre es que la pelota vuelva a nosotros de la mejor manera posible.
Lo mismo nos ocurre en nuestras relaciones. Las respuestas y el trato que obtenemos de las personas con las que tratamos, dependerá de como transmita la información que quiero enviar y de como resulte mi comportamiento.
Solemos encontrar personas que se instalan en uno los dos opuestos de los que hablamos.

Hay personas que no son capaces de llevar la contraria a nadie, permiten que la gente se meta en sus vidas sin invitarlas, que opinen sobre como tienen que hacer las cosas. Ante estas situaciones, callan y aceptan, aún a costa de ver como merman sus propios recursos . Son personas que se dejan dominar, se sitúan dos pasos atrás de la gente de su entorno, y demuestran sus flaquezas. Ser así limita mucho, y lo que es peor disminuye enormemente la autoestima, y la sensación de valía y de respeto por parte de los demás.

Por otro lado están las personas que saltan a la mínima, su defensa es el ataque verbal, no permiten ninguna sugerencia o consejo. En este caso las relaciones suelen ser muy limitadas, los que le rodean parecen tenerles miedo, porque de cualquier comentario provocan una disputa. No conocen el respeto por los demás y sus comentarios parecen buscar siempre el conflicto.

Para aprender a comportarnos de manera asertiva deberemos exponernos a las situaciones sociales que generalmente nos producen estrés. Saber en que momentos de nuestras relaciones con los demás,nos sentimos menos cómodos.
Si no sabemos o no hemos identificado nunca cuales son esas situaciones, vamos a hacernos las siguientes preguntas:
¿ Me cuesta dirigirme a personas que no conozco y entablar una conversación?
¿ Es difícil para mi presentar una queja de tipo administrativo o ante un comercio donde no se han cumplido mis peticiones?
¿ Soy incapaz de decir que no, si se me pide algo, que anula un plan prefijado por mi con antelación, y al que renuncio con tal de agradar?
¿Ante cualquier comentario de un familiar, salto a la mínima atacando verbalmente y de manera desproporcionada?
¿ Somos capaces de cargar con el trabajo de un compañero, con tal de no pedir ayuda, por miedo a ser criticado o juzgado?

Aprender asertividad, es como venimos diciendo, administrarnos una vacuna muy beneficiosa, que nos protegerá en muchos momentos.
Un ejercicio estupendo para aprender estos hábitos, sería escribir y planificar diferentes situaciones concretas, donde creemos carecer de este estilo de relación, y plantear los tres tipo de respuesta posibles, con las consecuencias que creeremos obtener de cada una de ellas. Por ejemplo:


Estamos en un restaurante y al traernos el plato de ensalada observamos una mosca flotando en el aceite.
Los tres tipos de actuación serían los siguientes.

De manera agresiva: Montamos en cólera, llamamos casi a gritos al camarero, criticamos la higiene y servicio del restaurante.

De manera sumisa: Apartamos la mosca al platito del pan, y empezamos a comer la ensalada, con bastante desagrado.

De manera asertiva: Llamamos al camarero de manera discreta, y le rogamos que nos cambien el plato debido a ese incidente, agradeciendo de antemano su buena disposición y comprensión.

Las consecuencias que obtendremos para nosotros mismos dependiendo de una actuación u otra serían las siguientes:

Consecuencia de conducta agresiva: El camarero cambia el plato, pero ya no nos sentimos cómodos, hemos humillado a una persona y al prestigio de un restaurante, las personas de alrededor se han dado cuenta y nos observan más de lo normal, yo ya me he quedado con mal sabor de boca, y no consigo disfrutar de la cena, y lo que es peor se me ha instalado un mal humor que afecta a mis acompañantes de mesa y a mi mismo.

Consecuencia de conducta sumisa: Me voy comiendo la ensalada, y a la vez voy preguntándome por mi mala suerte, pienso por que me toca a mi lo peor, creo que todo me sale mal, y encima me veo incapaz de defenderme y pedir lo que creo que es mi derecho sintiéndome por tanto un inútil. Mi valía personal se ve disminuida, y el respeto por mi mismo también.

Consecuencia de conducta asertiva: Con amabilidad y educación el camarero me traerá otra ensalada en perfectas condiciones, seguramente intentarán recompensarlo con una copita al final de la cena, y a mi se me olvidará el incidente enseguida, sintiéndome bien conmigo mismo y siendo tratado por los demás de manera respetuosa.

Este ejercicio anterior deberemos practicarlo igual en cada una de las situaciones en las que creemos que nuestro estilo de relación no es asertivo, aprendiendo los beneficios de estas conductas, para con los demás y sobre todo para nosotros mismos.

Hemos identificado que en muchas de nuestras conductas y sobre todo en las relaciones que mantenemos con los demás, una habilidad social esencial para protegernos es saber utilizar la asertividad.

El virus emocional por tanto sería carecer de ella, al no saber utilizar esta cualidad , nos quedamos expuestos a multitud de pequeños virus cada día: criticas, peticiones impuestas, agravios, opiniones gratuitas y destructivas....
Estos se van sumando poco a poco, provocando finalmente una grave enfermedad, como es la carencia total de autoafirmación y de la propia y necesaria defensa de nuestros derechos.

Soy asertivo: Me respeto, me respetan y respeto.

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